jueves, 13 de marzo de 2014

LA HISTORIA DE CARL ROD


Carl Rod y su Ducati 250 en unas 24 horas de Montjuïc mediados de los 60.


Hace unos meses entré por casualidad en una tienda de motos que estaba en un polígono industrial perteneciente a la localidad de Cabrils de Mar, a unos 30 kilómetros de Barcelona. Era una nave amplia donde se repartían con orden los espacios del taller y las zonas de exposición y accesorios, mostrando claramente que el negocio estaba orientado hacia la moto de campo, enduro y cross. No me acuerdo qué buscaba pero encargué algo y al dar mi nombre, el que parecía el propietario me miró con cara de sorpresa y me dijo: “!Pero si yo te he escrito en tu blog¡. !Soy Danny Van Der Berg, el nieto de ...Carl Rod!.Te escribí agradeciéndote lo que escribisteis sobre mi abuelo”.
El que se sorprendió entonces fui yo porque ni remotamente me imaginaba en aquel sitio volver, aunque fueran unos instantes, al mundo de las carreras ...!de la década de los años sesenta!. En aquel momento había en un banco una moto en marcha dejando salir un bonito sonido de escape abierto, pero, aún cerrado los ojos, en medio de aquel gran espacio, me hubiera sido imposible situarme en el viejo y estrecho taller  de Karl Rod. (Solía aparecer su nombre en las listas de inscritos encabezado indistintamente con la K o con la C). Su taller de reparaciones estaba situado en la calle Riera de San Miguel, de Barcelona, casi tocando al popular barrio de Gracia de Barcelona.


Con la BMW sidecar en el momento de la salida

Pues efectivamente, le dediqué unas líneas que andan en este blog en alguno de los primeros capítulos de "Mis queridos fantasmas 2", (repito algo del artículo) porque fue uno de los asiduos pilotos que solían competir en las muchas subidas cronometradas individuales que se celebraban especialmente en Cataluña  y en las que, je, je, incluso yo tomé parte en alguna con cierto éxito. (Al menos, gané una y eso que el segundo y tercer clasificado eran campeones de España de velocidad).
Lo conocí bastante bien porque muchos de esos años mi padre y yo fotografiábamos esas carreras y vendíamos las fotos, además de a los periódicos y revistas de motor, a los propios pilotos, así que muchos lunes aparecía con las copias bajo el brazo en el local de Carl Rod. En el despacho de su nieto Danny pude ver dos o tres álbumes de esas imágenes que reconocí además de alguna de José Cots y otras personales. He extraído las que veis.

Última curva de la salida conometrada a Sant Feliu de Codines


PILOTOS DE CINE
Los mejores pilotos de la época, mediados de los 60 eran, ¡cómo no!, Ricardo Fargas, que corría con Ducati y al que se ha denominado “El rey de la montaña”; Carlos Giró, que lo hacía con Ossa, un tipo simpático y muy agresivo pilotando y que se alternaba los triunfos con Fargas. Habían  otros de nivel altísimo como Juanjo Rodés, con Bultaco; Grau, con Derbi; Blanc y Busquets, con Montesa, y..ufff  bastantes más porque la lista es larga. Fargas, además, impresionaba enfundado en su mono negro porque tenía un físico de galán duro de película del Oeste.
Al hilo de las posibilidades cinematográficas de Ricardo,- y ahora viene nuestro amigo -, participó otro “ducatista” que podía tener papel en la “peli” aunque fuera de secundario junto a Fargas. En realidad podía hacer de su padre.
Veterano, pero muy veterano, de aspecto curtido, pero muy curtido, figuraba en las listas de inscritos de las carreras con un nombre muy germánico y contundente: Karl Rod.



La lástima es que Carl no solía estar entre los primeros pero no se le podía pedir más ya que debía rondar los 50 y pico años compitiendo con chavales muy jóvenes. En su taller de la Riera de San Miguel, que todavía existe, como digo, yo entraba a menudo.

Vestía un impecable y recién planchado mono azul, aunque casi siempre impartía severas y autoritarias órdenes a sus dos empleados y por eso, y por lo dicho anteriormente, mi imaginación me llevaba a pensar en lo duro y truculento que debía haber sido el pasado del teniente Karl. Es que siempre me lo imaginé luchando en las trincheras de Normandía, durante la segunda guerra mundial, hasta que un día uno de sus mecánicos, que le tenía manía, mientras trataba de mover las motos en el espacio imposible de un estrechísimo taller, me dijo que de aquello nada, que se llamaba CARLos RODríguez, y que se ponía ese seudónimo para que no se enteraran en su casa de que corría en moto. Para mí, toda una gran decepción.

En un buque de la armada republicana (De pie segundo a la derecha)

Eso era lo que escribí, porque de aquel aspecto duro de guerrero con 7 vidas que siempre me quise creer en su pasado anterior, me enteré allí mismo, en el taller VDB Racing de Cabrera… ¡que fue cierto¡
-¡Siiiiii....,su vida fue siempre una aventura ¡¡Más que las trincheras que pones¡ ,me dijo su nieto Danny.


UNA FAMILIA MOTERA
Hablé con Mónica Vicente, la mujer de Danny, y ya de entrada me explicó que se conocieron en una gira porque ella era !acróbata motociclista! en un espectáculo contratado. . Ellos y su hijo Tyler  apadrinan a Yago Martínez, un chaval al que vieron con muchas posibilidades de campeón que forma ya parte de la familia como uno más y que compite en los campeonatos de España y de Europa de 85cc de motocross. Todos juntos y como en los bolos del circo, los fines de semana meten las motos en una autocaravana y toman la dirección hacia el circuito que toque.

Karl Rod con sus mecánicos delante del taller

Lo de dar vueltas, ahora aquí, ahora allá, debe venir del legado del abuelo, aunque éste no lo paso nada fácil en su vida. La que me ha contado la historia es la hija del veterano piloto, Ester Rodríguez. Y así la cuento.
Los padres de Carl eran una familia de emigrantes andaluces que se instalaron como pudieron en Barcelona allá por los años 20 del siglo pasado. La terrible gripe que azotó España en esos tiempos –no habían medicamentos entonces para combatirla- se llevó al cementerio a 9 personas de la familia, dejando huérfanos a Carlos y tres hermanos pequeños, todos niños de poca edad. Los metieron en un orfanato, San José de la Montaña, porque la familia restante no disponía de recursos.
Tengo bien fresco en mi recuerdo que yo jugaba cerca de allí, en el ahora famoso Parque Güell, atiborrado de turistas, pero tengo que decir que hace muuuchhoossss años  todo aquello era mío y de unos cuantos amigos.  Carlos y sus hermanos lo pasaron  muy mal en ese orfanato, que físicamente aún existe, y vistas las desdichas vividas en aquel establecimiento saltaba la valla un día sí y el otro también para conseguir más alimentos para sus hermanos. Pero al final acabo escapándose y dando tumbos de aquí para allá acabo enrolándose en la Legión, primero, e ingresando después en la marina republicana, en un submarino de los escasos que tenia la Armada a punto de estallar la guerra civil. Me cuenta  Esther algunas anécdotas de su padre en Cartagena y de cómo, ya en plena guerra civil, en un ataque aéreo se tuvo que lanzar al agua ya desde otro barco a buscarse la vida en tierra.
Entre noches al raso, metralla y flautas se metió o lo metieron de mecánico tanquista y ¡cómo no!, fue tiroteado en algún lugar por la aviación alemana, cayendo en una zanja con su compañero muerto al lado y aunque a él no le ocurrió nada se llevó para toda la vida una claustrofobia crónica importante que no pudo superar nunca, según contó la esposa de Carlos Rodríguez, Clemen Piquer.
Esta señora justamente falleció hace un par de meses.

Carlos tenía 23 años y como todos en una guerra adquirió un gran olfato de supervivencia, así que en un momento, acabándose ya la guerra, se planteó la pregunta de muchos millones de personas. O ser héroe, pero cadáver seguro, o pasarse al otro lado. Y se pasó.

La familia Van Der Berg en su tienda VDB


Luego, en los años cincuenta, realizaba trabajos mecánicos. Fusionó y vendió un coche a partir de dos vehículos  hechos polvo al entonces alcalde de Barcelona y también fue conductor de autobús en la ciudad hasta que un día se quedó sin frenos, cuesta abajo y se salvó por la mínima. Karl Rod instauró su propio taller y comenzó a competir en las carreras, ya mayor, porque el mundo de la gasolina y los motores le podían. Corrió con BSA, Norton y BMW en sidecares, y en alguna ocasión con su mujer de copiloto aunque lo habitual era verlo subido a una Ducati 250. El accidente más grave lo tuvo despeñándose por una ladera de la montaña con una BMW con sidecar en el que el copiloto salió indemne aunque gravemente herido. Una operación complicada de estómago proveniente de ese accidente lo apartó definitivamente de las carreras. Murió sentado tranquilamente viendo la tele años más tarde, en la mitad de los 80. Su hija me pasó varios folios de sus anécdotas pero… para ..una  “peli” sería suficiente .¿no?


3 comentarios:

Toy folloso dijo...

"Aquellos chalados.....".

Anónimo dijo...

Gracias, solo puedo dar las gracias porque siguiendo su blog y sobre todo el apartado de "Mis queridos fantasmas" me han evocado mis comienzos en la moto y todo lo que rodea, carreras,pilotos...
En algunos relatos incluso lo es he vivido en primera persona, soy de Gracia precisamente he nacido en Riera de San Miguel y de chaval me tiraba largos ratos mirando ese taller. De nuevo muchas gracias

José Mª Galindo dijo...

Y es que la Riera de San miguel, no está cercana a Gràcia como dice el Blog, es Gràcia y lo ha sido toda la vida.