martes, 16 de febrero de 2021

VIAJE EN LA ROYAL INTERCEPTOR 650 AL CONFÍN DEL MUNDO

 

No podía aguantar más y me fui a los confines del mundo con la Interceptor .

No podía más. Ni con el Covid, ni con la mascarilla, ni con el que se me cruza a mi lado porque ve a saber tú. Estaba harto de conocer los rincones de mi casa mejor que mi perra Zara, una bonita pastora alemana que tuve hace años. He tenido tiempo de descubrir durante el encierro contra el bicho  a base de usarlo intensivamente un día sí y otro también, una pequeñísima rendija en mi sillón preferido donde convivían sin yo saberlo mezclados con una bola de pelusa dos euros, 20 céntimos, una llave minúscula que no consigo recordar lo que abre y un recortador de uñas.

Parece que llevamos confinados dentro de nuestras paredes media vida. Lo que no se me olvidará de aquellos nefastos primeros meses del año pasado es la impotencia de no poder sacar a la carretera la moto y eso que tengo la más cercana a solo 900 metros de mi casa. Día tras día, me contentaba con ver a mi querida familia -porque las motos son mi familia- inmóviles como una estatua, reprimidas y frenadas - nunca mejor dicho- hasta que alguien dispusiera cambiar esa situación de anormalidad. Porque una moto circulando en plena pandemia es el mejor lugar para protegerse del Covid además es una buenísima terapia para distanciarse del yuyu colectivo para el que la conduce.


Lo más importante para viajar, la perfecta ubicación del equipaje.

Sí, desde marzo del año pasado y durante 99 largos días me recluyeron en casa y a mis motos también. Cuando pienso que durante aquel periodo de encierro solo podía ir en moto a poner gasolina -la estación de servicio más cercana la tengo en una carretera a un kilómetro de mi casa y ya te puedes imaginar que no llenaba el depósito entero-, a comprar - el súper está al lado de la gasolinera - o a veces a la farmacia de urgencia que la tengo a 1.100 metros en otra carretera vecinal, me fascino a mí mismo de que no haya cambiado el casco por una regadera.

 

Entre ese abrir y cerrar de los diferentes confinamientos -domiciliario, municipal, zonal, comarcal, provincial, autonómico o estatal- no me voy a olvidar de la “escapada” que me monté a Asturias a mediados de julio con mi Crossrunner- ahora la tengo en venta, es de 2019 y tiene 12.000 kms y la tienen en Control 94  - cruzando montañas y ríos y encima viendo a muy poca gente. Una pasada de viaje sorteando como si fuera una gyncama al puto coronavirus.

Ahora seguimos con el bicho y como yo ya estoy hasta el moño de él, porque todo tiene un limite, decidí después de publicar el post "HONDA SHADOW VT 750 C: LA MOTO QUE CuRA"largarme con la moto a dar una vuelta al confín del mundo. !Ya no podía aguantar más¡



DECIDIDO: ME LARGO EN MOTO

 

Planear un proyecto de esta envergadura no es cosa de coser y cantar. La logística -hay mucho papeleo por gestionar, visados, permisos, etc- no se improvisa en un momento. Llegar al final del mundo requiere muchas horas de preparación, de consultas en embajadas o consulados. Pero si había un momento para tomar una decisión ,...era este. Lo tenía decidido.Me largaba. Me puse manos a la obra y en pocos días arreglé el viaje unque dejé en el aire bastante improvisación entre otras cosas porque tal como está el tema de la pandemia en el mundo no hay garantizado nada. 

 

No todo han de ser kilómetros sin descanso .
Es necesario relajarse para seguir fresco el viaje.

Elegí entre mis dos motos - Royal Enfield Interceptor 650 y Benelli Imperiale 400 - a la primerano porque la Imperiale no fuera capaz de afrontar el reto -hay una buena dotación de recambios en Europa, América y Asía- sino por su mayor potencia y sobre todo por el cierto paralelismo y estética que tiene con la Triumph Tiger 500 que utilizó Ted Simon en su vuelta al mundo en 1972.

Siempre había pensado que cuando llegara este momento la moto tendría que ser una clásica o neoclásica. Veo el viaje como más auténtico y desde luego más alejado de las pesadas supertrails enormes abarrotadas de tecnología y modernidad, fabricadas para superar cualquier obstáculo por imposible que sea. Sin embargo, la historia de los viajes en moto está llena de clásicas moviéndose por el planeta.

La aventura la entiendo de otra forma: Mmm..., cada vez que veo las fotos que hice del viajecito a Asturias y Santander con la Tricity 125 de 10 cv(está en el blog) me inunda una sonrisa. 

La Royal Enfield Interceptor es una buena máquina con sabor a épocas pasadas. Somos muchos los seguidores de las motos que destilan algo más. A los jóvenes les atrae por la propia estética que evoca tiempos desconocidos y a los otros... porque los hemos vivido en primera persona. Es curioso pero si pudiéramos mezclar en un cóctel mis dos motos, la Interceptor y la Imperialenos saldría seguramente una...Norton Commando del 78 que tuve ese mismo año.


A veces conviene atajar por caminos

A la Interceptor le he hecho bastantes cambios, los más destacables se refieren a la mejora de la dinámica y el confort de la moto. Sillín retapizado de gel, una funda sobre el mismo, manillar más cercano y lo más importantela sustitución de los amortiguadores originales por unos Hagon acompañados de un kit de válvulas y muelles delanteros YSS.  Ah..,y la adopción de unas maletas. Sí, ya sé que para este viaje lo ideal hubiera sido una scrambler con suspensiones más largas,- quizas lo podía haber hecho no  pero tengo ya más tiempo que perder.

Esas maletas me gustan mucho y eso que me costaron por internet poco. Su estética, una vez puestas, hace la moto limpia, son recogidas y no sobresalen cosa que me encanta. Pero caben 25 litros y además me recuerdan a las antiguas que llevaban las motos de hace años como las que le puso Ted Simon a la suya.

Para este viaje al final del mundo dispuse el equipaje bien organizado. Me da para atrás ver un montón de aventureros motociclistas con la carga mal esparcida, bultos inconexos y bolsas hasta de El Corte Inglés atadas de cualquier forma. No, no, reivindico la moto aventurera sí, pero digna,leche. No es complicado. Se trata de distribuir bien lo que transportas.

 

La soledad buscada es buena compañía siempre


AL LORO


Me puse manos a la obra así que una maleta la destiné prácticamente a recambios y herramientas en general. Metí dentro también un arrancador de batería, material diverso de picnic, un calentador eléctrico con toma de batería, un hornillo de gasolina y un par de zapatillas flexibles.

La otra la dividí en tres partes. En una coloqué dos pares de guantes con diferente protección térmica, un anorak de pluma ultra fino -lo compré en Decathlon por 28 €- que ocupa plegado muy poco espacio junto con una chaqueta y unos pantalones de agua y otros elementos de protección como pañuelos, un par de buff y un cojín de aire para utilizarlo como almohada. El anorak y los pantalones de la marca Igloo Periféric se podían convertir,además, por medio de unas válvulas hinchables, en saco de dormir. En una bolsa llevaba los elementos higiénicos de uso diariojabón, varios kits de pasta dentífrica, tijeras, y navaja multiusos. El botiquín muy completo iba detrás y siempre a mano.


Muy práctico para la moto este portaequipajes comprado en India


La bolsa grande contenía la ropa, dos pantalones, un jersey, una chaqueta de nylon con cremallera, varias camisetas, (metí mi Ipad entre ellas) y 4 mudas. La tienda de campaña del tipo individual la llevaba entre la bolsa y el asiento. En un departamento contiguo, en el interior de la bolsa, se almacenaban algunos comestibles, chocolate mezcla de 70, un bote de ajos negros de los que soy fiel devoto, diversas latas de conserva, café, leche en polvo y alimentos envasados poco perecederos y un termo.

Sobre el depósito coloqué una bolsa de imanes con la documentación, una mini cámara Sony RX 100, dos juegos de gafas, una radio transistor, loción anti insectos, una linterna, el móvil, un juego de allen, dos destornilladores y una llave inglesa pequeña. En los laterales del depósito puse las bolsas de piel - muy parecidas a las que llevaba el amigo Ted en su periplo mundial-, y una idea que había llevado yo viajando en una GS 100 del 90 y que permitía aumentar la capacidad de carga y a la vez ofrecer más protección en las piernas. También ayudaba a reequilibrar mejor en la moto el peso total.

Una transportaba 4 botellas de agua y en la otra un pequeño bidón de gasolina de 4 litros. El Tom Tom estaba instalado en el centro a buena altura. A su lado instalé un soporte para poner el móvil cuando hiciera falta.

Al igual que hice durante un viaje a New York y Costa Rica en 1981 me llevé para dibujar un lápiz y un bloc para recoger paisajes o algún detalle sobre la marcha.Vamos ,hacer lo que siempre se ha llamado  , “apuntes al natural”. Además de las fotos o secuencias de vídeo me llevaba de esa forma un recuerdo más personal.


Las maletas no sobresalen y son ideales para circular con tráfico .

LA PARTIDA

 

Esa noche casi no pude dormir de lo excitado que estaba. Había preparado la tarde anterior toda la moto repasando todos los detalles y marcando la lista una y otra vez para que no se me olvidara nada. A las 2 AM me fui a la cama rendido.

El pitido histérico del iPhone me sobresaltó a las 8. Después de asearme y zamparme un copioso desayuno bajé al garaje, puse la moto en marcha y finalmente salí de casa. Después de llenar el depósito encaré la carretera en busca de la libertad. Atrás quedaba el Covid y la madre que lo parió. Eran las 9.28 am.

 

La Interceptor iba más fina que nunca aunque, es curioso, eso suele ocurrir casi siempre cuando una moto está cargada. Mientras pasaba por Vilassar de Mar se mostraba muy aplomada y eso me gustabapero tampoco sentía el peso en exceso. Total, los kilos extras que le había añadido no eran desorbitados. 8 kilos del petate trasero, 7 kilos de las laterales del depósito, 3 kilos de la bolsa sobre depósito, 3 de la tienda de campaña y unos 20 kilos entre las dos maletas llenas. (Cada maleta vacía pesa muy poco, solo 1,5 kilos). En total algo más de 40 kilos extra. Eso sí, bien repartidos para poder llegar en condiciones al confín del mundo. Ah, me olvidaba, hay que añadir el peso del bonito soporte -parrilla- respaldo cromado que me llegó pocos días antes de partir. Un kilo ochocientos gramos.

Si la Interceptor pesa 215 kilos llena, con el total añadido puedo decir que sigue siendo una moto que se mueve bastante ágilmente y ... muy, muy lejos de las aparatosas maxitrails “Travel World”.



Una vuelta al mundo ofrece varias alternativas para hacerla en moto. Todoshemos visto situaciones durísimas de cómo gestionan las equipadísimas BMW GS los caminos embarrados, cómo se arrastran por senderos terriblemente empedrados y ...cómo sufre el que la conduce. Bueno, eso depende por donde pases. También ha habido gente que se han dado un tour por el globo terráqueo en Goldwing y no se han metido en berenjenales excesivos.Es evidente que por lógica las rutas elegidas han tenido que ser otras...

Venia pensando justamente esto cuando me encontraba rodando por una bonita carretera arbolada en dirección al norte. Lo estaba disfrutando como un enano mientras controlaba por el rabillo del ojo a través de los retrovisores que el equipaje estuviera bien asegurado. Dejé Arenys de Mar y después tomé la N2 dirección a Francia.

Miré al navegador y me indicó que faltaban 98 kms para llegar a la frontera de La Junquera.



! Que guay es viajar en moto !



Me desv hacia un arcén y paré. Estaba en la salida de Malgrat de Mar, un municipio costero que limita con Blanes, el primer pueblo de la Costa Brava. Paré en una rotonda. Tragué saliva. Un gran cartel serigrafiado señalaba dos direcciones. Una flecha a la derecha indicaba: “Zona de campings. Playas”. La otra invitaba seguir al frente: BV  6001 .Blanes.

Engrané la primera y tomé la carretera hacia Blanes. Me temblaban las manos mientras notaba cómo mi corazón se aceleraba. Entré en una recta estrecha de uno o dos kilómetros de reciente asfaltado que hace de línea divisoria natural entre las dos poblaciones. Tras salvar un puente casi oculto fui reduciendo paulatinamente la velocidad hasta quedarme parado a mitad de la carretera y justo al lado de un cartel amarillo que ponía:Comarca de la Selva.



Podía observar con bastante nitidez y a unos 200 metros al fondo un coche patrulla de la policía local. Flanqueándolo, estaban apostados dos agentes con la vista clavada en mí. Intuí en la avidez de sus caras la de detenerme a la mínima que avanzara unos metros más traspasando los límites de mi comarca, El Maresme.

No cometí ese error. Respiré hondo y con todas mis fuerzas solté en mis adentros mirando al cielo : !Lo he conseguido!

Y acto seguido me subí la visera del casco y les grite:!...ehhhh... tralariii... tralaraaa...!He llegado al último rincón del mundo y nadie me puede hacer  naaaaadaaaa! !Eeoooo....eeeeeooooooo...!

Solté un resoplido de placer,saqué pecho y  di media vuelta tomando  el rumbo hacia mi casa. Mi vecino Alberto había hecho paella y era mejor cosa que ir abriendo latas de conserva en una cuneta, aunque estuviera en los confines de mi mundo.

Mientras la Interceptor avanzaba iba pensando en los 50 kilómetros de largo por 10 de ancho que tiene El Maresme. Menos es nada y aunque lo tengo más visto que el TBO me parece que mañana me daré otra vuelta al mundo. esta vez me iré hacia el otro lado, a la frontera de Badalona.



Mi admirado Ted Simon en su vuelta al mundo de 1973.
Lo mejor que se puede hacer en estos tiempos es volver a leer su libro “Los Viajes de Júpiter”.


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